
Antiguamente, en el lugar que hoy ocupa el Lago de Sanabria, había un pueblo de nombre Villaverde de Lucerna.
Cierto día se presentó en el pueblo un pobre pidiendo limosna (Jesucristo o el Apóstol Santiago), y en todas las casas le cerraron las puertas. Tan sólo se compadecieron de él y lo atendieron unas mujeres que se hallaban cociendo pan en un horno. Pidió allí el pobre, y las mujeres le echaron un trozo de masa al horno que, tanto creció, que a duras penas pudieron sacarlo por la boca del mismo. Al ver aquello, le echaron un segundo trozo de masa, aún más chico, que aumentó mucho más de tamaño, por lo que se hizo preciso sacarlo en pedazos. Entonces le dieron el primero que salió.
Cuando el pobre fue socorrido, y para castigar la falta de caridad de aquella villa, les dijo a las mujeres que abandonaran el horno y se subieran para un alto, porque iba a anegar el lugar. Una vez que las mujeres abandonaron Villaverde, dijo el pobre:
"Aquí finco mi bastón, aquí nazca un gargallón; aquí finco mi espada, aquí nazca un gargallón de agua".
Tan pronto como fueron pronunciadas estas palabras, brotó impetuoso surtidor de la tierra, que en pocos momentos anegó totalmente a Valverde de Lucerna, quedando el lago como hoy se ve. Tan sólo quedó al descubierto una isla, que jamás se cubre en las crecidas y situada exactamente en el lugar que ocupó el horno en que fue socorrido el pobre.
Por lo demás, el lago conservó la virtud de que todo aquel que se acercara a él en la madrugada de San Juan y esta en gracia de Dios oiría tocar las campanas de la sumergida Villaverde.
Esta leyenda aparece en algunos textos medievales franceses con distintas variantes. Así, aparece en la Chrónica de Turpín, en la que, después de narrar las distintas conquistas de Carlomagno en España, dice: "Las tomó todas menos Lucerna, que está en Valle Verde , que no pudo tomarla hasta el último año, porque era muy fuerte y estaba bien abastecida.
Por fin la cercó y la sitió durante cuatro meses, pero cuando vio que no la podía tomar por fuerza, rezó a Dios y a Santiago. Entonces se derrumbaron los muros y quedó sin habitantes, y una gran agua, como un estanque, se alzó en medio del pueblo, negra, oscura y horrible".
Una leyenda parecida es recogida por el escritor francés Ernest Renan: "Creo que a veces yo tengo en el fondo del corazón una villa de Is, que hace sonar todavía las campanas".
Os he querido dejar un poco de la historia de este lago misterioso donde se respira y se siente una energia muy especíal, que pertenece a mi tierra y al cual voy cuando necesito sentir la naturaleza y perderme en ella.
Os invito desde aquí a que lo visitéis, en otoño está precioso!!